
Desaparecer Correr en la nada; Ignorar si en huida o en persecución Si para salvarse o por destrucción ¿Es cobarde o audaz un alma exiliada? En la libreta que fue rescatada (Un diario de viaje sin dirección) Se describe su peregrinación Que esconde en sí una belleza sagrada Así fue: partió, lo abandonó todo Con mano vacía y corazón ciego Sin sentido, sin pasado ni apodo Para purgar de sí el último apego Porque no existe ningún otro modo: El alma sólo se lava con fuego (El paisaje está desierto. Quarciso, con una bolsa y un báculo, camina desorientado) Qué equipaje tan pesado ¿No podría dejarlo aquí apoyado? ¡Por favor, sólo un instante! Volveré aquí a buscarlo Si pudiera andar sin él, no viviría tan cansado Qué equipaje tan pesado, qué equipaje tan pesado Es raro, cuando más henchido está, el camino es más liviano Cuando lo arrastro vacío es como llevar el mundo atado ¡Cómo fatiga el cuerpo entero algo que cabe en una mano! Qué equipaje tan pesado: con el corazón a todos lados Mi luz nacerá en la noche Cuando nadie pueda ver nada y nada se escuche En la claridad sólo tenemos ojos para lo que nos ciega Y su Verdad reina oculta en la densidad del bosque Al alborear camufla sus verdades Bajo la risa de un niño o en el cantar de las aves En la renunciación aparece nítido su mensaje En el placer se torna esotérico su lenguaje Si la persigo, ella me persigue a mí Si me escondo de ella es como si ella se escondiera en mí Pero de la sombra no escapa En el silencio se oye el crepitar de sus pasos y sus encendidos ojos la delatan Cuando caiga la silente penumbra y salga confiada Como una enorme luna en mitad de la madrugada Estaré allí, esperando su súbita epifanía en el espacio Como el estruendoso tambor de un trueno violáceo Para así ser iluminado por su suprema certidumbre Revelación última ante la que el Ser sucumbe Y al fin, madre, que diste lumbre a este hombre lúgubre Lograré ser sombra que alumbre ¡Qué carnaval de bálsamos y misceláneos salmos Entonan los pájaros bajo el diáfano celeste de mayo! ¡Qué bello llover de los rayos, orvallo de luz contra el cristal del arroyo Agua que arrulla al silencio con suave murmullo! Con alas de pétalo se iza la brisa -sonrisa del aire- Que lame con su lengua lisa la áspera piel de mi carne Podría quedarme así toda la tarde: tumbado en la tierra Contemplando el mundo que gira inocente y culpable Si callo y me concentro encuentro que todo lo que está fuera está adentro ¡Qué elástico el pecho, me duele el universo! Y la conciencia, virtud que pareció distinguirnos de las demás especies Nos hizo inferiores finalmente La conciencia nos vuelve inconscientes Arrancándonos del origen y como un intruso divorcia al cuerpo de la mente Por eso acudo a ti Dame mi pitanza de luz, la aceptación de la muerte, la comprensión de existir Madre de todas las madres, arranca de raíz mi rencor Quédate incluso mi más innato don A condición de que me llenes de humildad Para mirar el mundo con pureza desde la atalaya de mi corazón Esta mañana al salir en busca de bayas, grosellas y un poco de leña Me percaté de una hazaña Mi asombro fue que en aquel árbol seguía ese nido Sí, el mismo, indiferente, frondoso y tupido Habían pasado otoños e inviernos, lluvias y cierzos -Cientos de vientos- que se llevaban las hojas consigo Pero, un año tras otro, como a un monasterio en el aire Nuevos pájaros acudían a él en busca de abrigo Hoy, violentos vientos cruzan como una estampida de almas Sacudiendo el árbol, calvo y famélico, que danza y se dobla Pero en el centro, engastado en sus ramas Como un enorme corazón de mimbre, se aferra la hermosa obra ¿Qué genial arquitecto erigió tan perfecta escultura Que por más que el tiempo intenta desdibujarla perdura y perdura? Ese mismo tiempo barrió también mi tristeza Serenó mi pasón y desgajó el rencor, pero no su carga Pues una bandada de negros recuerdos vuelve para desenterrar del olvido Los huesos roídos de la memoria hasta resucitarla: Y no es otra que la horrible imagen del dolor que un día causaste, amor mío Y que ha hecho para siempre su nido en mi alma Me arropa el sol que se derrama sobre mi cama De verde brizna; siento como me arrulla la brisa Tras los abedules canta una merla Y el cielo observa la tierra con despejados ojos azules Hoy tuve un sueño raro: el sol espiaba de soslayo con rayo de mayo Ella y yo hacíamos el amor en adagio Y al instante apareció junto a él con un hijo mío en brazos ¡Ah, soñar! ¡Soñar es señal de espíritu turbado! He de seguir caminando He de seguir caminando He de seguir caminando Te burlas de Dios, glauco milagro Saliendo de la tumba y resucitando en lo alto Tú, que sorbes luz y exhalas silencio Aunque tu interior sea un auditorio de múltiples cantos Tú, que posees la quietud y humildad que yo no alcanzo Cuando pisas tu propia alma y haces de ella un remanso Ojalá pudieras seguirme en mi tramo Pero tienes inútiles los pies por ser tan generosas tus manos Aquí se bifurca otro amor y prosigue un naufragio Tú has nacido para esperar y yo he de seguir caminando Dejo todo atrás, no sé si sirve de algo Dejo todo atrás otra ve, el camino es muy largo Me bastan esta bolsa y este báculo Quiero un viajar ligero, toda posesión al final se vuelve obstáculo ¿O, acaso, podrá la mariposa que un día seré Cargar a lomos de sus frágiles alas mis inútiles bártulos? No hay huella que sirva de guía en mi itinerario No hay senda definida, no hay vuelta atrás ni descanso Todo es la peregrinación a través de uno mismo: Camino, viaje y viajero son un mismo tránsito Quarciso pensó que ahuyentaría El odio y el ruido que había en sí mismo Transitando las sendas del abismo Como caminos hacia la armonía Pero al penetrar en la lejanía Todo apareció como un espejismo Cuanta mayor soledad y mutismo Dentro, más alto el grito todavía Recorrer el mundo como un mendigo O huir del hombre como un animal No fue una redención sino un castigo Sin un renacimiento espiritual De nada le sirve al Ser huir del mal Él es el mal Y arrastra el mal consigo (A sus espaldas, la casa y el árbol; delante, un camino luminoso) Me obstiné en olvidarte Pero al alejarme de ti en el camino me hice más pequeño y tú cada vez más grande Pero ya no tengo sed de tu carne: Conforme mi interior se llenaba de luz iba palideciendo tu imagen Las flores dejaron de exhalar tu aroma El propio dolor ha dragado el recuerdo y el silencio ha dejado de hablarme Ya no tengo sed de tu carne Y no por ello te amo menos, ahora te amo más todavía, si cabe Igual que lo amo a él, pues amo al mundo como una sola vida Al universo como un enorme corazón palpitante Ya no tengo sed de tu carne: Del desamor salí con vida, pero, de este Amor nuevo, que nada me salve Hoy amanecí llorando Fue un llorar tan bello, claro, puro, calmo Ahora entiendo que la lágrima pertenece a la alegría Y que a la tristeza corresponde el llanto Sólito a estar solito Como el sol que vierte sobre mi escuálido cuerpo pálido su cálido hálito Nuestra carne es agua y nuestro espíritu, sed Y en mi sed de deseo, deseo con la sed del pez Fluir sin rumbo: No hay mayor conquistador que aquel que ha sido conquistado por el mundo Toda vida es prestada Comprender que se es nada en medio de todo a la vez que todo en medio de nada El silencio es espejo y mi meditación, un cielo Donde mis pensamientos cruzan como aves por el aire quieto Siento que despego, que me elevo Huyendo del apego del ego y del erebo del deseo ciego Porque vivir errando de deseo en deseo No fue sino intentar calmar el dolor con un dolor nuevo La experiencia no es adquirir, es despojarse Y ahora llueve, y llueve, y veo el agua mojarse El intelecto es un instrumento demasiado complejo Para comprender la sencillez de todo lo que es cierto Sólo el desprendimiento espontáneo del pensamiento Permite al ser, por momentos, latir al unísono con el universo La mente es un pez sediento que busca fuera lo que está dentro La conciencia es el combate de los opuestos Quisiera traducir lo que siento Pero las palabras forman un río de ruido cuando lo intento Pero aquello que uno sabe sin saber, lo que no puede explicar Puede ser su mayor descubrimiento Y hoy comprendo para qué sirve el vacío interior: Para hacerle espacio a la Verdad en su alumbramiento Llevaba mucho en recogimiento Larguísima soledad sin apenas diálogo ni pensamiento Una vida reducida a despertar para cerrar los ojos de nuevo Hincar el cuerpo en la tierra y respirar silencio Comer escaso, despacio, pasear hasta el cansancio Impasible a la ansiedad del tiempo Descender al pueblo a por alimentos Sorber el sol del camino, volver por la senda del agradecimiento Y de regreso espiar a través de las celosías Con triste alegría, la fiesta en los jardines de las familias: Triste por mi soledad, y feliz Porque el universo es mi jardín y esas familias son también las mías Pero un día desperté sordo a lo externo Mis ojos sólo podían mirar hacia adentro Y busqué dentro ¡Más adentro! Y hallé el centro: El originario hilo que une al Ser con el universo Entonces sentí un temblor Como si cediesen los pretiles y pude asomarme más a mi interior Dentro todo era abismo, voluta de oscuridad y precipicio Y en la profundidad se oían gritos: Chillidos de una lucha encarnizada en lo más hondo Eran mis múltiples yoes devorándose unos a otros Egos royendo a otros egos desfallecidos sobre el yermo Los oía desgarrar y mascar deprisa hambrientos Despedazando con avidez ojos, víscera y huesos Mientras otros buscaban en los escombros posibles restos Desierto de carroña y piel de avatares muertos Entraña y costra, polvo y máscara de mis ancestros Todo lo que fui y en verdad no era, palacio en el aire, ceguera La mentira de mis opuestos Y quedó un último Yo, arraigado y gigantesco; Arrasado el pasto, comenzó a engullir sus propios miembros Y no, no era un sueño Pues abría fuerte los ojos y mareado veía borroso el paisaje externo La casa, el árbol, el pozo, el huerto Y dentro, pensamientos chocando contra pensamientos De pronto, un cegador estruendo Insoportable presión en mi mente, como si me arrancaran de mi propio cuerpo Y se hizo el silencio finalmente Mi conciencia un templo en ruinas y entonces debí de caer inconsciente Al recobrar el sentido Mi ser liviano quería abrazarlo todo con la inocencia del recién nacido No sé explicar este sentimiento Sólo sé que un ruiseñor que comenzó a cantar fuera cantó también dentro El vencedor es el que se ha vencido Quien disipa la Ilusión y despierta Tras él queda tendida una piel muerta: Ruina de guerra del Yo renacido Cuántos seres que aún no han comprendido Que hay una dicha mayor no descubierta Y buscan fuera con una fe incierta Lo que en su interior se encuentra escondido Quarciso comprendió lo que sucede: Despojarse es la conquista más bella Lo que posees no dejará huella Lo que eres será lo que el mundo herede Mientras que quien no avanza, retrocede Y quien va hacia la Luz está ya en ella (Quarciso, tumbado sobre la hierba, contempla el cielo) El aire huele a luz nueva y silencio Descansa manso sobre el pasto el rocío Un ave cruza el amplio olimpo azul y limpio Y siento en mí, dentro, un apacible vacío No verlo todo idéntico es estar loco Creerse único, estar desunido del Todo Con antropocéntrica ilusión me arrastré inarmónico entre el vulgo ¡Ah, sí, yo, ser especial y único Que hallaba dualidad donde en realidad todo es uno! Sí, ¡por ello me sentía tan solo en el mundo! Ahora -nada en medio de todo- Percibo nuestro ser como una extensión del universo, y me fundo El fin es conocerse: Fluir, lograr latir en armonía con todo lo existente Cuantos más rasgos distintos en sí mismo encuentre Tanto más semejante se descubrirá a los demás seres Pero la ignorancia de sí aisló al hombre por siempre Incapaz de identificarse con lo que es sin lo que tiene No logra ver lo que une sino lo que difiere: Raza, credo, poder: ajeno a lo inmanente ¡Ciegas piedras angulares! Nada hay que haga a los hombres más semejantes Que su creencia de que son singulares Es lo superficial, lo insignificante lo que nos diferencia Nos une lo esencial: la esencia Entre otros motivos Comencé a escribir este diario para ser consciente de en qué fecha vivo Pero cuando no tengo nada importante que escribir, no escribo Y así se ha escurrido mi noción del tiempo hasta perder sentido Debe de ser noviembre, el viento ha vuelto a sus andadas Espantando las hojas, que despavoridas huyen en bandadas Pero ¿A dónde emigrarán con sus alas secas, mariposas del otoño Para volver en verde vida renovadas? En la desnuda bóveda arbórea gorjea una alondra Ha caído la tarde tan pronto que hasta la luz se asombra Pero el tiempo no es más que una apariencia redonda: Bucle, rizo, onda, hélice de haz y de sombra Dicen: El tiempo tiene alas, cada segundo es urgente Una vida no es suficiente: hoy ya es ayer de mañana Y aunque es cierto que parece que el tiempo nos persigue huyendo Es porque el óxido está en nuestros ojos y no sobre el yerro Todo no es más que un pobre invento de la mente Una ilusión por vivir con pasado y futuro presentes Como ahora, que evoco mi infancia en tu último adiós Y es extraño, papá: ya eres más joven que yo Ha cesado mi miedo: Ahora que ya no tengo nada, por fin lo amo Todo Aunque este Todo sean muchos todos En realidad todos ellos son uno solo La existencia es un único y mismo día Con millones de albas y ocasos diferentes He aceptado el dolor, el mal y la muerte Como una condición de la armonía El aire es vivo aliento Y el cuerpo alberga en pequeñas partículas la memoria de todos los tiempos Cuando respiro, aspiro el suspiro De todos los seres que existen y han existido Todo es semilla de todas las cosas: En el puerto de mi cuerpo yerto atracarán larvas y despegarán mariposas No hay nacimiento ni muerte, principio ni fin Sólo materia inconsistente en perpetuo fluir
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